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HISTORIA DEL ARTE

Fundamentos de la Plástica Amerindia - Reflexiones filosóficas sobre mitos, magia y religión

Todas las formas que están en la materia proceden del concepto del intelecto.
Avicena

Lo mítico-mágico

El mito nació de una intuida conclusión súbita del hombre estableciendo la idea y la Fe del poder detentado por un ente superior: el dios. Lo mítico-mágico fue la primera respuesta --sin pregunta-- que el hombre creyó como explicación de la realidad cósmica, incomprensible para su mente desasosegada por los misteriosos fenómenos naturales.

 

En aquellos principios, el carisma persuasivo del chamán --el sanador del clan que conjura a los poderes cósmicos--, impone un pensamiento mágico que irá configurando una teogonia animista como causalidad de los fenómenos, con figuraciones y abstracciones rupestres dibujadas para propiciar la caza y la fecundidad. Inventará rituales funerarios y, milenios después, un ceremonial agrario, templario e iconográfico desarrollando el diseño morfológico y la plástica simbólica.

De acuerdo con ese pensamiento mágico de constante presencia, que explicaba de manera cabal las reiteradas vicisitudes ambientales, el ancestral amerindio desarrolló su cotidiano existir.

Permaneció inmerso en una conciencia metonímica que consideró verdadero aquello que es todo lo contrario: inverosímil y falso, desde un pensar racional asociativo.

Cada instante, el hombre descubrirá el mundo y la realidad cósmica será aprehendida afectivamente, con absoluta subjetividad. Imaginará dioses y sus poderes, pues lo teológico es propio de la inmanencia mística de su Ser. Deificará la integridad del paisaje percibido: Cielo, Tierra e Inframundo, por urgente necesidad de protección. Los fenómenos climatológicos y astronómicos, las enfermedades y la muerte lo golpearán con saturado terror y, sin resignarse a morir, concebirá una vida en un más allá, en el Inframundo.

Los mitos y la religión
Así, el carismático chamán, el auto erigido sanador del grupo. inventará el mito y estructurará un paulatino relato mágico-cosmogónico. Dominará el mundo mítico convocando "sendas" para recorrerlo. Uno de los caminos será el diseño de imágenes rupestres, como primigenia expresión místico-poética, relacionando los fenómenos naturales con determinados animales-dioses: creadores y mantenedores de la realidad.

De esta manera, surgirá una semiótica simbólica trascendente, o sea, un lenguaje abstracto metafísico comunicante, fundamento de ideologías dogmáticas que inspirarán diseños morfológicos: pensamientos visuales que serán plasmados inventando paulatinamente los Géneros Plásticos.

Tal situación es similar en toda la prehistoria mundial: primero el dibujo, la incisión y una incipiente pintura. Luego la escultura tallada. Milenios después la textilería, la cerámica, la arquitectura y la orfebrería.

Con esfuerzo continuado, el hombre construirá el dominio de su medio, levantando precarios urbanismos aldeanos con creciente sedentarismo para domesticar plantas y animales. Cuando logre cierto superávit alimenticio podrá comenzar su más preciada realización: el templo ceremonial del dios protector agrario, y posteriormente, el complejo ceremonial como centro mítico del mundo. Se diseñarán simbiosis cósmicas, o sea, fusiones de animales y seres humanoides configurando una nueva entidad morfológica, simbólica y metafísica: el dios.

Ejemplo:

 

Cultura chavín: "El Lanzón", humanoide-felínico, el caimán felínico del Obelisco Tello y el "Dios de los Cetros" o Estela Raimondi.

 

Culturas olmeca y maya: el jaguar-humanoide, los mascarones del Monstruo de la Tierra y del rostro del sol.

 

Cultura teotihuacana: la Serpiente Emplumada: Quetzalcóatl, y la serpiente-humanoide: TIáloc, dios de la Lluvia.

 

Cultura maya puuc: mascarón serpiente-humanoide: Chac, dios de la Lluvia.


Las primeras castas sacerdotales fundarán teocracias y expresarán sus talentos como diseñadores de morfologías míticas, plasmadas en siete Géneros Plásticos: arquitectura, con sus cuatro tipos urbanísticos: religioso-ceremonial, civil, astronómico y militar, y la concepción de una arquitectura-escultórica; escultura, tallada y modelada; cerámica ceremonial votiva, de enorme variedad formal, y soporte de imágenes mítico-religiosas; dibujo, sobre diversos soportes; pintura, sobre murales y ceramios; textilería de indumentaria ceremonial y cotidiana; orfebrería de joyas talismánicas y de adorno.

El pensamiento mágico, sin abandonar nunca su protagonismo, influirá con renovados matices en la conformación de estados por parte de altas culturas como la teotihuacana, zapoteca, azteca, tiwanakota o inca. Será esencial tal pensar para configurar la dualidad masculino-femenino y los tres planos de la realidad: Inframundo, Tierra y Cielo con su eje del Mundo, ideas raigales de la cosmovisión amerindia. También una Cosmografía y Geografía Sagradas, el número cuatro, el cuadrado y la cruz como mándalas; una Geometría Sagrada y Calendarios, involucrando al cosmos como tetralogía dimensional: ancho, alto, profundidad y tiempo, y Sistemas Compositivos morfoespaciales estructurados partiendo del cuadrado, forma básica de la percepción de la Tierra.

 

He publicado varias investigaciones para demostrar la práctica amerindia de tales items.

 

Se establecerán pautas políticas: ideológicas, rituales, éticas y estéticas, astronómicas y astrológicas; se profundizará lo religioso como modus vivendi y modus operandi, fuente de inspiración de danzas y diseños plásticos. Será el triunfo del dogma conformando instituciones religiosas y políticas corporativas: el sacerdocio con su cohorte de reyes dinásticos, sabios astrónomos, matemáticos, astrólogos pitonisos y civiles aristócratas administradores.

Los estudios verdaderamente científicos realizados de la mecánica celeste y su espacialidad fueron interpretados mitológicamente. En tal espacialidad cada dirección posee sus atributos. Toda la realidad está "ordenada" de acuerdo con su lugar espacial y sus propios rasgos. Además, dicha realidad presenta configuraciones antitéticas: lo sagrado y lo profano; el día y la noche = la luz y la oscuridad = la vida y la muerte.

Múltiples ceremonias plenas de rituales y sacrificios sangrientos, cultos funerarios, monumentos edilicios y escultóricos, ídolos totémicos, ceramios de intercambio diplomático o ceremoniales como ofrendas propiciatorias, fetiches protectores, danzas catárquicas... se sucederán en obsesiva parafernalia, como efecto de la causalidad mítico-religiosa de una teología hecha incontrovertible Fe y de una heroica voluntad de poder.

El arte, no concebido como tal, sino como obra de culto, como ideología hecha plástica místico-poética será patencia ontológica, inmanencia del Ser develado expresivamente. Será el apogeo óntico del ente-icono presentado por hombres consustanciados con la naturaleza, vivida cual ánima generalizada de toda la extensión cósmica.

La consolidación de los cultos, en especial los agrarios con el protagonismo del maíz fueron, desde el Formativo, una determinación política de las teocracias en ascenso. Éstas, responsables de la prosperidad agraria, motorizaron la evolución cultural programando e induciendo la creatividad artística, técnica y científica astronómico-matemática, estableciendo una óptima credibilidad en la volición de ser de los pueblos, de continuo reflejada en la colosal obra realizada.

 

He investigado los distintos pensamientos involucrados en un ensayo efe mi libro Pensando Amerindia.

 

Hubo sorprendente similitud en los cultos felínicos, ofídios y ornitológicos entre Mesoamérica y Suramérica. Las creencias zoo-míticas, como símbolos cósmicos, se difundieron en los dos principales núcleos: la altiplanicie central de México y la zona andina central pero, sus respectivas creatividades del diseño trasmutando ideas míticas en formas, fueron autóctonas de cada alta y media cultura-autor y específica de la circunstancia topográfica regional conformando sus particulares morfologías.

 

 

Difundida por todo el territorio americano, la adoración de tres principales animales: el jaguar, la serpiente y el ave, configurarán metonimias cósmicas del Poder, o sea, símbolos causales de las básicas fuerzas vitales de la Tierra, la Fecundidad, la Lluvia y el Cielo y de las principales dualidades existenciales:
masculino-femenino, día-noche, vida-muerte, cielo-tierra, etc.

Los dioses son presentados a menudo simbiotizados con el hombre, observable en enésimos diseños de la iconografía. El ser humano persigue identificarse con el animal mítico pues lo concibe como receptor de un poder superior y las drogas serán mágicas colaboradoras con tal convicción.

Chamanes y sacerdotes, utilizando alucinógenos, sentirán su Ser fusionado y transformado en el mito: será una metamorfosis de hombre en felino que vivirán como alter ego, creyendo poseer los respectivos atributos de omnipotencia.

 

 


En las culturas olmeca, chavín, agustiniana o aguada numerosas obras plásticas muestran, con desbordante expresividad formal, tales vivencias. Se entronizaron como deidades principales al jaguar, la serpiente y el ave por sus "poderes" pluviales y sus efectos en la fecundidad agraria; fueron causa en casi toda Amerindia, del integral Poder cósmico: subterráneo, terrenal y celestial.

Así, acompañando a las deidades protagónicas, un vasto zoológico mítico conformará un panteón con atributos polifacéticos. De esta manera, se conforma una teogonia general animista en toda Amerindia, integrada por sus paisajes terrestres y celestiales sagrados, por sus animales, vegetales y minerales venerados. Cada deidad es una estructura formal humanoide de esencialidad en perenne existencia. Lo eternal Es no acciona para ser. Es en un tiempo infinito ajeno al mero transcurrir terrestre. Tal pareciera el sentido que sugieren los entes deificados creados por las altas culturas.

Ese hombre, educado en semejante dogma omnipresente, dejó de concebir a los animales como tales, los percibe mágicamente y los conjura como fuerzas vitales de su existencia, del mundo al cual se siente integrado.

Sobre esa base ideológica, creará diseños que configurarán visualmente dichas ideas. Por medio de signos e ideografías interpretará respuestas formales --imágenes de dioses causales-- a sus acuciantes necesidades existenciales --terrenales y de post mortem--. Los pensamientos visuales consecuentes, producto de su extraordinaria inspiración para el diseño, serán plasmados en los Géneros Plásticos.

De ahí que se puedan interpretar las imágenes plásticas pues son conceptuales morfologías significantes que exponen la comunicación de aquellos pensamientos. Por dicha razón, se necesitan interpretar los diseños y sus pensamientos involucrados --fun-damentos ideológicos de las obras--, y estructurar una hermenéutica explicando con clasificaciones e interpretaciones filosóficas, estéticas y artísticas, los contenidos semiológicos y los valores formales.

Al decir de Goethe: lo fáctico determina la teoría.

Para aquellas sociedades los iconos presentaban a los dioses y poseían sus cualidades. No eran meras representaciones: eran en sí los dioses, sus corporeidades. Constituían la presencia real de la deidad y el ritual ofrendado --sacrificios y autosacrificios sangrientos--, establecían la necesaria ofrenda para la renovación de su energía vital que, por ende, era la del mundo.

La importancia jerárquica de las deidades estuvo establecida de acuerdo con pautas funcionales y prácticas, relativas al grado de causalidad entre dioses creadores y mantenedores.

Ejemplo:

 

Creador: Quetzalcóatl, Serpiente Emplumada.

 

Mantenedores: dioses de la Lluvia: TIáloc, Chac o Cosijo.

 

Creadores y mantenedores: el "Dios de los Cetros" de Chavín de Huantar o Viracocha del Portal "del Sol".

 

Son los de principal presencia, suponen la fusión armónica del Cielo y la Tierra prodigando sus dones.

 

Los dioses explicaban y determinaban los tiempos del plantar y los avatares naturales. Tales actos de las deidades los hicieron comprensibles sus intermediarios comunicadores: chamanes, sacerdotes y reyes.


Por siglos nadie concibió dudar sobre esto, fue una verdad incontrovertible, propia de la naturaleza de ese mundo, de su inmanencia religiosa. En tal idea raigal, de magistral coherencia mítica, es donde se afirma la extraordinaria fuerza motriz de las sociedades y la singular grandeza espiritual de Amerindia.

La obra plástica

 

Hablar de estética amerindia y su necesaria hermenéutica significa realizar un vasto análisis iconográfico descriptivo e iconológico interpretativo de los siguientes contenidos:

 

Fundamentos míticos · Metafísica de la expresión plástica

 

Geografía y Geometría Sagradas · Diseño

 

Géneros Plásticos · Sistemas Compositivos

 

Modos Estéticos · Estilos morfológicos

 

Técnicas artesanales

 

La iconografía amerindia, en cada una de sus mútiples expresiones, no deja nada para ser completado por el espectador. Son totalidades significantes, sin contingencias: un todo unívoco.

 

Su finalidad fue la de transmitir pensamientos religiosos, signales y/o ideográficos. Se expresó, entre sus numerosas manifestaciones, por un diseño conceptual aplicado a una plástica ceremonial definitoria de numerosas estéticas: una por cada cultura-autor, creadora de diseños morfológicos.

 

Se erigieron enormes arquitecturas nmersas en paisajes considerados sagrados: tipos de urbanismos, de obras y constructivos, o sea, centros de culto y sistemas templarios y astronómicos, con arquitectura palaciega y popular en Meso, Centro y Suramérica.

Se tallaron impares esculturas; se modelaron vitales retratos; se dibujó el documento naturalista en ceramios o la imaginería mítica en códices; se tejieron pictóricas mitologías textiles, complejas indumentarias y plumarias; se pintaron sublimadas deidades sobre cerámica o murales; se repujó y fundió el oro en inspirada joyería.

En semejante magnitud creativa sagrada no hubo casi lugar para el concepto decoración. La inmensa obra de culto es protagonista de un pensamiento mágico-mítico-religioso, abarcativo de toda la sociedad. La más de las veces no fue realizada en función de ceramio, muro, palacio, etc., sino como corporeidad sacra, o como dios en sí: no se pensó como adorno sino como autónomo ente místico protector, plástico y metafísico.

Lo decorativo fue minoría absoluta, pues una línea, una textura, una forma no son decorativas sino expresivas, propias de inmanencias poéticas autorales.

Tal obra polifacética en símbolos y morfologías, motorizada por la Fe, refulgente en su aura de talento, estableció una explícita y sensible fuente de comunicación, pictórica de enigmáticos códigos y patencia poética. Constituye, desde sus orígenes, una esencial corporeidad religiosa y estética de elaboradas ideas teológicas plásticamente realizadas. Es un impar paradigma de creatividad humana, de la conjura adoradora de la naturaleza y un anhelo de consustanciación cósmica en un permanente estar.

Al crear los símbolos, los chamanes, sacerdotes y políticos como ideólogos y los artesanos y artistas como ejecutores, desarrollaron una iconografía plena de abstracciones, configurantes de una semiótica de originalísima riqueza estética, formal y artesanal. De esta manera, siendo obras de culto plásticas su poética inherente es de constante evidencia.

Para aquella humanidad la motivación fue religiosa; para el hoy, la consecuencia es estética: razones obvias para su sistematización analítica.

 

Conclusión

Por más altos que coloquemos nuestros conceptos y por más que los abstraigamos así de la sensibilidad seguirán siempre acompañados de imágenes... Pues ¿cómo podríamos dar sentido y significación a nuestros conceptos si no se basaran éstos en una intuición?

 

Kant ¿Qué significa orientarse en el pensamiento?

 

Conociendo el esplendor espiritual de aquel pasado heroico --no solo histórico político y socio-económico--, sino comprendido en su más vasta magnitud ontológica, de corporeidades intelectuales y poéticas: políticas, metafísicas, artísticas y científicas, se propugna con énfasis la resurrección de aquel pensamiento consustanciado con su medio y sus mitos, su ética y estética, para conocer la íntegra existencia de tales colectividades auténticas.

Porque la aprehensión de un espíritu, de un ente y su metafísica, no se logra con una disección científica o histórica de los pueblos sino con una investigación filosófica, asentada sobre lo histórico, pero desde una vivencia existencial desprejuiciada y equitativa, de justa objetividad abierta. Con un a finalidad sensible en la apreciación racional y valoración de su naturaleza humana, conducente a una aproximación perceptiva de la sociedad y su obra plástica, para la mayor y mejor prueba de aquel talento.

El mundo, y en particular los americanos, nos debemos todavía la comprensión de aquella grandeza del pasado continental, sin chovinismos regionales ni parcialidades analíticas, para la definitiva vigencia de su ancestral memoria pues, lo que una civilización imprime profundamente en el tiempo, antenas cultas y alertas lo vuelven a percibir.

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